








Líneas ortogonales atraviesan un plano. No son gestos gráficos sino marcas temporales: el resultado de un procedimiento sin cámara basado en la incidencia directa de la luz sobre una superficie sensible. No hay representación, gesto expresivo ni ilusión. La abstracción se manifiesta aquí como acontecimiento material donde luz, tiempo y materia permanecen inseparables. ¿Podría hablarse de un concretismo fotosensible? Máscaras, precisión, espera. Frente a la línea contemporánea —vectorial, perfecta e infinitamente reproducible— estas obras restituyen la fricción física de la imagen. La línea vuelve a ser fenómeno antes que información, tiempo visible antes que forma ideal.
Si en trabajos anteriores el proceso acogía lo imprevisible —el accidente como agente—, aquí la imagen se construye mediante un sistema estricto. Sin embargo, la precisión no neutraliza la sensibilidad del soporte: cuanto más rigurosa la operación, más visibles se vuelven filtraciones, variaciones tonales e inestabilidades químicas. La precisión expone la fragilidad. La obra se configura como un campo de tensión entre control y materia, entre cálculo y deriva.