ANDREA OSTERA. OBRAS/WORKS 1994-2017, en el CEC

El viernes próximo vamos a estar presentado este libro en Feira (Feria de Editoriales Independientes vinculadas al Arte). Compartiremos la mesa con Beatriz Vignoli y Georgina Ricci, dos grandes talentos, partícipes necesarias en la realización de esta pequeña maravilla.

Andrea Ostera-Obras-Works-1994-2017

Hace casi un mes lo presentamos en Buenos Aires, en el auditorio de la Isla de Ediciones de ARTEBA. En esa oportunidad me acompañaron Verónica Tell y Graciela Speranza. Fue un evento inolvidable. A ellas, mi agradecimiento infinito.

Comparto lo que leyó Verónica en aquella ocasión:

Estoy muy contenta de que estemos presentando este libro hoy: es un objeto bellísimo, hermosamente editado, cuidado en cada detalle, hecho con mucho entusiasmo y amor. Y es un libro que reúne la obra de una gran artista, un referente indubitable entre los fotógrafos y artistas en general y cuya obra sin embargo no es tan conocida para un público más amplio. Este libro seguramente –esperemos- saldará esa deuda.

La invitación de Andrea a escribir en este volumen antológico sobre su obra me hizo muy feliz. Le agradezco haberme dado la posibilidad de adentrarme de este modo en su trabajo, de sumergirme en sus indagaciones sobre la fotografía y la visualidad. Hace casi 20 años vi por primera vez su obra 22 vistas de la casa de noche. La obra consiste, simplemente, en 22 fotos polaroid todas totalmente negras. Me encontré entonces con su fuerza conceptual ¿Qué muestra una imagen (incluso, o sobre todo, cuando no muestra nada)? Y la siguiente pregunta que surge es: ¿qué es la fotografía? O más bien, ¿cuáles son las condiciones mínimas necesarias para que algo sea una fotografía? Claro que Andrea no espera dar una respuesta a esta pregunta, sino que ella atraviesa su trabajo, es una suerte de guía para su exploración estética. El resultado es que cada obra suya es una pequeña insurrección que corroe, pero a la vez reinventa la fotografía.

Yo soy una investigadora orientada al siglo XIX y el trabajo de Andrea, de gran densidad conceptual, me ayudó a ver la fotografía histórica a la luz de estas cuestiones. Porque Andrea desmantela los artificios de la representación fotográfica y su historia. Para esto, despliega operaciones que comprometen cada vez el uso convencional de  alguno de los componentes de la fotografía—la óptica, la química, la cámara oscura—, tensiona sus límites e indaga en los modos en que la fotografía al representar algo (o no) también se expone y se representa a sí misma.

Como el mismo dispositivo fotográfico (incluyo aquí lo pre-fotográfico, lo analógico y lo digital) en donde todos las partes están imbricadas y se solidarizan en una tarea, el cuerpo de obra de Andrea es un volumen sólido, y resulta muy difícil referirse a una obra sin convocar otras, a tal punto están atravesadas, todas, por una indagación o reflexión común. Así, el desafío que encontré fue lograr ordenar linealmente, como lo pide un texto, algo tan entramado como las diferentes series o familias de trabajos de Andrea. Porque abordan muchos problemas simultáneamente. Cuestiones de tiempo, cuestiones de óptica y de representación de la profundidad, la visibilidad, lo indicial, la materialidad, la hibridación técnica y la traslación a diferentes soportes, la relación imagen/texto, la idea del múltiple vs. la imagen única. Como en un caleidoscopio, todas estas cuestiones se reconfiguran cada vez; se ponen en juego con diferente protagonismo y bajo distintas formas en cada obra.

Por ejemplo. Alrededor de las 22 vistas de la casa de noche pueden nuclearse otras obras en las que no se ve nada o casi nada o que consisten en superficies monocromas solo interrumpidas por los números del fechador de las cámaras 35 mm. Ampliaciones de estas fotos se centran en estos dígitos, y llegan a mostrar la trama de papel. El carácter indicial, (un elemento que distingue a la fotografía de cualquier otra representación visual), aparece en primer plano, junto con el tema del tiempo -en esas fechas y horas y minutos- (otro factor esencial de la fotografía). Y enseguida, la reflexión se detiene sobre la materia física de que se compone la fotografía, el soporte de la imagen.

Y así. Otro episodio puede armarse alrededor de la materia. Desde unas polaroids reventadas entre los dedos, que hacen salir los pigmentos -haciendo pintura con el material fotográfico-, hasta otras obras donde la incidencia de la luz y de los químicos son responsables de alterar la materia fotosensible. Aquí están las Inmersiones, que pueden verse en la muestra que inauguró la semana pasada en el CCK. Consisten en papeles velados sumergidos verticalmente en los líquidos reveladores, detenedores, fijadores. Se generan hermosos horizontes, que no responden a ninguna realidad externa. El referente no es indispensable para la fotografía.

La luz está en el centro, por supuesto, de las indagaciones de Andrea. Es el eje de trabajos como el que está en la tapa del libro: un bicicletero de la serie El cíclope. La sombra completa al objeto, es la contraparte de lo que lo hace visible. Andrea lo recorta (objeto y sombra) de su contexto hasta convertirlo casi en puro contorno. Adquiere un carácter dibujístico. Y se hace plano. Hay aquí un planteo sobre ese ojo único -ciclópeo- de la cámara, la imagen bidimensional y la construcción en perspectiva. Otro problema central de la fotografía; de la cámara oscura.

Del otro lado de la silueta, en la que resuena el fisionotrazo del siglo XIX, es posible presentar otro gran grupo de obras: aquellas de los fotogramas, técnica también de los inicios de la fotografía. En lugar de trazar los contornos, aquí la luz atraviesa los objetos, llega a mostrar lo que no vemos a simple vista. En estas obras aparecen además, combinaciones o hibridaciones de técnicas de distinta naturaleza y de distintos tiempos históricos (ampliadoras, negativos alternativos, etc).

Estas hibridaciones adquieren otro carácter en Typographic Project. Se trata de fotos de una valla o alambrado con restos de carteles, de plantas o del cielo que son intervenidas para cruzarlas con caracteres tipográficos de diferentes familias, tanto alfanuméricas como de otro tipo: estrellas, animales aparecen sobre una toma directa, interrogando de este modo los sistemas de representación y de texto, sus equivalencias, su irreductibilidad, la imposibilidad de la traducción.

Y siguiendo esta línea puede situarse un último grupo de trabajos, realizados de 2013 a esta parte. Como en Typographic Project, hay en estas obras más recientes una pregunta sobre la traducción o, más bien, la traslación a distintos lenguajes o medios. Andrea está atenta aquí a las nuevas tecnologías, al mundo digital, a la pantalla y a cómo aparece allí la información con la que nos conectamos con el mundo. Las deficiencias de los programas son exploradas en clave estética. Pero me interesa detenerme en una serie en particular. Decía recién que el cuerpo de obra de Andrea compone una trama que enlaza finamente distintas cuestiones propias del medio fotográfico y, en mi opinión, Capturas de pantalla, de 2015/2016, presenta un momento orquestal. En estas piezas Andrea usa un celular como único dispositivo para producir y copiar una imagen, en esta época en que las fotos cotidianas ya casi no se copian. Encendiendo la pantalla sobre papel fotográfico, obtiene un fotograma. Con este gesto, congrega distintos aspectos que viene trabajando hace casi treinta años para cuestionar la lógica productiva de las imágenes: los tiempos relativos de la luz y su fijación, lo indicial, la materialidad, la mediación, la impresión.

Hace treinta años que Andrea viene desarmando la imagen fotográfica y, con ello, nos desarma como espectadores. Porque nunca encontramos lo que pensamos que podemos encontrar en una foto. A menos que conozcamos su trabajo. En ese caso, al menos estamos advertidos.

Y aquí está el libro, para advertirnos sobre la imagen, para recorrer su obra, y seguirla…

 

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